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SOLSTICIO DE ORTEGAL


La luz es la razón de ser del paisaje. Y es esa luz, su propia razón de ser, la que lo convierte en algo efímero y al mismo tiempo en delicadamente vulnerable a los ojos del hombre. El paso del tiempo es el culpable de ello. Y con el tiempo, viajan a rastras los recuerdos. Recuerdos atrapados en pequeños frascos de luz de los que no consiguen escapar. Regresa el solsticio de verano. Tiempo y silencio, canta la canción.

El paisaje existe con cualquier tipo de iluminación, incluso existe sin luz, en una oscura noche de luna nueva. Y será ese momento efímero en el que el fotógrafo consiga alinear la luz exterior con su estado de ánimo, lo que hará que ese paisaje tantas veces recorrido pase, una vez más, a convertirse para el fotógrafo en algo tan exclusivo como el sencillo hecho de poder vivir para contarlo.

Hoy ha sido la noche más corta del año en Ortegal.

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